Entrevista a Idan Hojman, autor de Liberar el trauma
«Haber crecido en Israel me permitió observar desde muy joven cómo el miedo y las heridas no resueltas pueden transmitirse entre generaciones y moldear la identidad de comunidades enteras.»
En el libro planteas una idea que atraviesa todo el recorrido: que el trauma no está solo en la mente, sino también en el cuerpo. ¿Qué cambia cuando empezamos a entenderlo así?
Cambia absolutamente todo. Durante mucho tiempo hemos intentado resolver el sufrimiento principalmente a través de la mente: analizando, comprendiendo, interpretando. Y aunque eso tiene valor, muchas veces no es suficiente. El trauma no es solo un recuerdo; es una experiencia que quedó grabada en nuestro sistema nervioso, en nuestra respiración, en nuestra postura y en nuestra forma de reaccionar ante la vida. Cuando entendemos que el cuerpo guarda memoria, descubrimos una nueva puerta hacia la sanación.
A menudo asociamos el trauma con experiencias extremas, pero tú amplías mucho esa definición. ¿Qué solemos pasar por alto cuando hablamos de trauma?
Solemos pensar que el trauma es algo excepcional: una guerra, un accidente o un abuso. Pero el trauma no se define tanto por el evento como por el impacto que tuvo en la persona y por la capacidad que tuvo para procesarlo. Muchas heridas profundas nacen de experiencias aparentemente ordinarias: no sentirse visto, recibir amor condicionado o crecer en un entorno emocionalmente inseguro.
Dices que sanar no consiste tanto en olvidar o trascender el dolor como en integrarlo. ¿Qué significa realmente integrar una experiencia?
Integrar significa dejar de luchar contra lo que ocurrió. No implica justificarlo ni olvidarlo; significa permitir que esa experiencia ocupe un lugar dentro de nuestra historia sin que siga gobernando nuestra vida. La integración es pasar de ser prisioneros de una herida a convertirnos en estudiantes de ella.
El libro sigue la estructura del Viaje del Héroe. ¿Por qué te interesaba utilizar este marco para hablar de transformación personal?
Porque el proceso de sanar un trauma es profundamente iniciático. Primero aparece la llamada a través del síntoma o la crisis. Después llega el descenso hacia las heridas y la sombra. Finalmente, regresamos transformados, con más presencia, conciencia y libertad.
«Muchas heridas profundas nacen de experiencias aparentemente ordinarias: no sentirse visto, recibir amor condicionado o crecer en un entorno emocionalmente inseguro»
Dedicas un espacio importante al trauma transgeneracional. ¿De qué formas pueden seguir actuando en nosotros historias que no hemos vivido directamente?
Heredamos mucho más que genes: heredamos narrativas familiares, silencios, miedos y lealtades invisibles. A veces cargamos con emociones o patrones que no comenzaron con nosotros. Comprender esto nos permite liberarnos de cargas que ya no necesitamos seguir sosteniendo.
El libro propone una mirada que une trabajo corporal, psicología y espiritualidad. ¿Cómo dialogan estos tres planos en tu forma de acompañar procesos?
Para mí son inseparables. La psicología nos ayuda a comprender, el cuerpo nos permite transformar y la espiritualidad aporta significado y conexión. Cuando estos tres planos dialogan aparece una transformación profunda y sostenible.
Después de tantos años trabajando con personas, ¿hay algo que te siga sorprendiendo sobre cómo funciona el sufrimiento y la capacidad de transformación?
Me sigue sorprendiendo la enorme capacidad de resiliencia del ser humano. He visto personas llegar sintiéndose completamente rotas y descubrir recursos internos que ni siquiera sabían que existían.
¿Haber crecido en Israel te hizo especialmente consciente de cómo el miedo, la memoria y el trauma pueden transmitirse colectivamente?
Sin duda. Crecí en una sociedad profundamente marcada por la memoria colectiva y por distintas capas de trauma histórico. Eso me permitió observar desde muy joven cómo el miedo y las heridas no resueltas pueden transmitirse entre generaciones y moldear la identidad de comunidades enteras.
Autor
Idan Hojman es terapeuta psicocorporal y creador de La Vía del Cuerpo, una disciplina orientada a integrar los distintos aspectos del ser humano, restaurar la salud y facilitar procesos de transformación personal.
Formado como practicante del Método Grinberg en Barcelona y en cursos avanzados de la Escuela Internacional, ha integrado diversas disciplinas, como Gaga Movement, la terapia cráneo-sacral, el yoga, el tantra y el chamanismo, dando forma a un enfoque propio que integra cuerpo, emoción, mente y consciencia.
Reside en Barcelona y acompaña procesos individuales, además de facilitar formaciones, talleres y programas online dirigidos tanto a personas como a profesionales.

